sábado, 25 de septiembre de 2010

Amsterdammm..me





Ámsterdam, tierra de comerciantes, grandes emprendedores y corsarios del mar, tierra de gentes de todos los puntos del planeta, de amistades inconfesables e inolvidables, de diversidad cultural y racial, de ansias de libertad y cambios…
Esa es la Ámsterdam que recibe al forastero, con sus bares y restaurantes, Coffee Shops y ventanas rojas, tiendas de todo tipo, librerías bicentenarias, bicicletas, mercados al aire libre y sus canales, más abiertos –como no podía ser de otra manera en Ámsterdam- que los de Venecia, unos canales que sirven de conducto para la más pura y básica comunicación, la que no impone barreras, ni fronteras, ni limitación de libertades, tan sólo una comunicación natural entre semejantes…
Ordenando y retocando mis fotos, me da la sensación, una y otra vez, de que están todas torcidas… Enderezo unos grados, imagino los puntos de fuga, observo con atención milimétrica, acepto…. Vuelvo a mirar y ¡la vuelvo a ver torcida! Repito la operación, ésta vez rebobino un par de grados y… acepto. Consigo pasar a la siguiente foto y así sucesivamente, hasta que, una vez retocadas todas, vuelvo al principio a ver el resultado. ¿Es posible que aún vea algunas torcidas…? –Si, me digo con exasperación. A punto de ponerme de nuevo con la ardua tarea, aquella que aún antes de empezar ya sabes que no tienes claro si la estás haciendo bien, me viene a la memoria un párrafo que leí en una guía de Ámsterdam que compré en el aeropuerto, antes de salir, decía algo así:
“En los siglos XVII y XVIII el desarrollo de Ámsterdam iba en constante crecimiento, […] las casas empezaron a construirse en altura, sobre una planta muy pequeña, se construían 3 y cuatro alturas. Ante la imposibilidad de subir muebles, leña y enseres por las mínimas escaleras, la casas comenzaron a construirse ligeramente inclinadas hacia delante, para así y desde una polea colocada en el centro del último piso, subir todo con relativa comodidad y sin temor a romper las costosas vidrieras de los ventanales de las casas –muy grandes para aprovechar la luz del sol-“




















Es sólo una anécdota de las muchas curiosidades que guarda Ámsterdam entre sus canales, que me sirve como excusa –entre otras- para explicar los grados de más o de menos de mis fotos de la ciudad.
Pero, para mí, la grandeza de Ámsterdam se condensa en una palabra: Bicicleta. Una ciudad que tiene 10 veces más de bicicletas que de habitantes, es muy grande. Mi humilde homenaje a la Ámsterdam de los ciclistas:
http://www.flickr.com/photos/53841365@N08/sets/72157625023657334/show/



Y qué decir de los bares, restaurantes, tiendas... Sobran las palabras, prefiero que veáis lo que yo vi.
http://www.flickr.com/photos/53841365@N08/sets/72157625026881258/show/
Everything But The Girl – Crabwalk


Ya entrada la noche, Ámsterdam se viste de luces. Bares, restaurantes y clubes se iluminan suavemente, sin imponer nada, sin querer acaparar la atención con la brusquedad lumínica de otras ciudades. Especialmente en el barrio de Jordaan, cuya iluminación atrapa hasta al más diurno de los seres. Un íntimo club de música en vivo cercano es cita ineludible: El Bourbon Street, en cuyo escenario hay actuación a diario, sobre todo de rock, blues y soul. 
http://www.flickr.com/photos/53841365@N08/sets/72157625024418532/show/
Everything But The Girl – I Must Confess


Gracias, Josep Vicent por tus valiosos links..!


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