Nunca dejará de sorprenderme el ser humano…
Uno nace, crece, se desarrolla como persona, va haciendo sus elecciones vitales…. Hasta que empieza a darse cuenta de que aquello que habíamos imaginado y soñado cada vez empieza a verse más borroso y difuminado, y de repente llega el día en que nos planteamos si realmente era esto lo planeado, ¿A quién no le pasa por la mente alguna vez..?
Los caminos que uno va eligiendo se van convirtiendo en una rutina de la que con frecuencia nos es difícil escapar y nos atrapan cual tela de araña.
Sin embargo, es nuestra fuerza mental y capacidad de reacción ante las adversidades las que nos hacen crecer para superarlas y convertirnos en personas.
Hasta aquí no he dicho nada nuevo, nada que nadie desconozca.
Ahora bien, cuando te alejas unos grados del camino marcado uno experimenta una sensación diferente, ¿…de liberación?
Algo parecido le pasó hace unos años a mi amiga Kerryn, estudiante de periodismo en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Cuando terminó sus estudios, hizo lo que la gran mayoría de sudafricanos hacen al graduarse: irse a Londres unos meses a trabajar.
La ciudad europea la acogió como a muchos de los que la visitan: con esplendor, alegría, desinhibición y mucha, mucha historia, que hace que nos sintamos pequeños dentro de tantas y tantas pequeñas historias guardadas dentro de la propia historia .
Kerryn pasó por varios trabajos que pagaban sus gastos y caprichos, hasta que un buen día le llegó una oferta de una importante revista de moda. Era el trabajo que siempre había soñado tener. Aparte de las tareas en sí, que incluía codearse con las sociedad más “in” de la ciudad y parte del extranjero y estar a la última de las tendencias más inéditas, su vida personal comenzó a cambiar. Las producciones se sucedían en los escenarios más variados: Restaurantes, museos, fábricas abandonadas, playas de ensueño…, las invitaciones a actos y eventos de todo tipo eran comunes en su agenda semanal, el puente aéreo Londres-Paris era su desayuno un par de veces a la semana. En tan sólo unos meses, Kerryn pasó de servir cafés a ser la asistente personal de una loba de los negocios.
Kerryn sentía que aquello no podía ser verdad, que era demasiado bueno para ser cierto.
Aún así, esas circunstancias no la cambiaron, siguió adelante con su vida, con sus amigos, con sus inquietudes, siempre acortada en el tiempo, pero exprimiéndolo al máximo. Su trabajo, por ende, la vida que éste le proporcionaba, era la prioridad número uno en su vida.
Pasaron los meses y su Green Card, un buen día, expiró.
Su soñado trabajo se volatilizó, como una hoja seca en otoño, que se eleva en el aire y toma rumbos insospechados…Tras varios intentos infructuosos por restituir sus derechos laborales, Kerryn tomó la decisión de seguir en Londres hasta que los fondos se acabaran, con la esperanza de que el día menos pensado sucediera el milagro y consiguiera la documentación necesaria para reincorporarse de nuevo a la revista.
Y en eso estaba cuando una llamada de teléfono procedente del otro lado del hemisferio, un buen día, llegó.
Sus andanzas y logros habían traspasado fronteras y una revista de interiorismo recién creada en Sudáfrica la reclamaba, nada menos que para ofrecerle el puesto de directora.
Kerryn, mujer lista, adaptable y sin obligaciones familiares ni sentimentales, aceptó.
Su nueva vida en Sudáfrica no se parecía en nada a la que había llevado antes de su traslado triunfal. La revista se convirtió en su razón de ser, en su bebé, en su maná. El trabajo llenaba su alma de satisfacción y eso se notó. Un aire fresco y espontáneo inundaba cada página, los reportajes y producciones hacían las delicias de lectores y curiosos y hacían palidecer de envidia a sus competidores del sector editorial, depredador y despiadado, y a Kerryn le llovían correos de felicitación y agradecimiento de todos los rincones del mundo.
Por supuesto, Kerryn fue cambiando de editorial, de jefes, de revistas, pero siempre mantuvo la pasión por el interiorismo, por los objetos con historia, por la gente con pequeñas historias y sus trabajos cada vez se fueron haciendo más íntimos, más apasionantes, más atractivos.
Han pasado los años y, con perspectiva, veo que Kerryn ha encontrado su lugar en el mundo. No sé si la vida que lleva es la que un día soñó… probablemente no, al menos no con exactitud, pero sí me atrevería a decir que se parece mucho.
El interiorismo se ha convertido en su razón de ser, pero no desde las revistas, las editoriales, los grandes negocios y acuerdos, sino desde la perspectiva de las personas. Gente que le abre las puertas de sus casas y sus corazones para compartir con ella sus historias, su secretos más íntimos a través de sus objetos, muebles, entornos y paisajes. Gente que hace del día a día de sus hogares un reportaje real y fascinante, con historias siempre diferentes e inimaginables, gente que Kerryn va encontrando por el camino y va haciendo parte de ella misma, como granitos de arena que componen un todo o, al menos, partes de un todo universal.
Gracias, Kerryn, por compartir tus reportajes, siempre sorprendentes.
Si hay alguien interesado en algún reportaje en concreto, puede contactar con Kerryn en su página web (en el link anterior)

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